Miel sobre hojuelas

Dos apuntes: el primero de ellos es que yo estaba convencido de que eso de “miel sobre hojuelas” era una frase hecha que significaba algo así como una cosa buena detrás de la que viene otra mejor, con que me he llevado una enorme sorpresa cuando he visto que se trata también de un postre tradicional manchego.

El segundo de los comentarios antes de meternos “en harina”, nunca mejor dicho, es meramente lingüístico. He visto la palabra hojuelas escrita tanto con como sin hache. Aunque de las dos maneras tiene sentido, me quedo con la forma que recoge el Diccionario de la Real Academia.

Vale, vale, me callo ya y empezamos con la receta.

Miel sobre hojuelas

Ingredientes:

Vamos a tener a mano dos huevos, una copa de cazalla o de anís seco –de esas copas pequeñitas, pensadas precisamente para el anís-, el mismo volumen de aceite de girasol, doscientos gramos de harina, cuatrocientos de miel de romero y aceite de girasol para freír ¿Lo tienes todo? ¡Bien! ¡Al ataque!

Preparación:

Lo primero que vamos a hacer es romper los huevos en un bol, pero uno de ellos sólo por la punta, para usarlo luego como medida para el anís y el aceite. Bueno, no, luego no. Ahora mismo: añadimos un huevo da anís y otro de aceite.

Batimos bien la mezcla y vamos incorporando, poco a poco, la harina, hasta que se nos quede una mezcla como para hacer pan. Cuando la tengamos, vamos a trabajar bien esta masa, haciendo brazo durante cinco-diez minutos.

Una vez lista, separamos bolitas de, más o menos, el tamaño de una cuchara y las extendemos con la ayuda de un rodillo, caña, botella… enharinados. Podemos darle el último toque con los dedos, para que nos quede la masa lo más fina posible. Más. Aun más. Así.

Ahora, muy rápido, la echamos en el aceite de girasol, en la sartén, ya bien caliente y, con un palo o el rabo cilíndrico de una cuchara de madera, la presionamos muy suavemente en el centro y la movemos para que se forme la “flor”. Ayudamos a que se cierren los pétalos con una espátula.

Sacamos, escurrimos y dejamos enfriar.  Justo antes de servir las hojuelas, las rociamos con miel de romero ¿Soy el único al que se le está haciendo la boca agua?

Recuerda:

Dos huevos

Una copa de cazalla o de anís seco

Una copa de aceite de girasol

Doscientos gramos de harina

Cuatrocientos de miel de romero

Abundante aceite de girasol para freír

Con este postre de dificultad media vas a triunfar seguro, y habrás empleado menos de una hora.